| Requiem para el sentido común |
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Estamos aquí reunidos para despedir los restos de un buen amigo: Sentido Común. Sentido Común vivió una larga vida, y murió a las puertas del nuevo milenio. Nadie supo realmente su edad, porque su certificado de nacimiento se perdió hace mucho por culpa de la burocracia. Sentido Común dedicó desinteresadamente su vida al servicio en las escuelas, hospitales, hogares, fábricas y oficinas, ayudando a la gente a hacer su trabajo sabiamente y sin fanfarrias. Por décadas, reglas estúpidas y disposiciones sin sentido no lograron derrotarlo. Vivió según reglas económicas básicas (no gastes más de lo que ganas), estrategias de crianza confiables (los adultos son los que están a cargo, no los chicos) y sabiendo que ser el segundo en algo no es malo. Veterano de la Revolución Industrial, la Revolución Tecnológica y la hiperinflación, Sentido Común sobrevivió a tendencias culturales y educacionales extremas como el anarquismo, el feminismo y la matemática moderna. Pero su salud comenzó a fallar cuando fue infectado por el virus del individualismo. Durante las últimas décadas su sola voluntad no alcanzó para contrarrestar los ataques de la política, la cultura y la sociedad en general. Informes respecto de un niño de seis años acusado de abuso sexual por haberle dado un beso a una compañera de clase; adolescentes suspendidos del colegio por haber usado enjuague bucal después de almorzar; una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición. Miró con dolor como gente buena era subordinada a oportunistas y corruptos, como el gozar de derechos permitió vulnerarlos, como se puede agraviar amparado en la libertad de expresión. Su salud continuó deteriorándose cuando se aceptó que el voto de un alumno valiera tanto como el de un profesor, que se liberara a asesinos por fallas técnicas durante su arresto, y que los derechos humanos sean sólo de los victimarios, nunca de las víctimas. Empeoró aún más cuando se dispuso que las escuelas debieran pedir permiso a los padres para administrar una aspirina a su hijo, pero no avisarle si su hija estuviera embarazada o usando drogas. Para Sentido Común fue un duro golpe que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión. También fue muy difícil aceptar que una mujer fuese incapaz de comprender que una taza de café hirviendo, quema. Derramó un poco sobre su falda, y muy pronto logró un "jugoso" arreglo demandando a la empresa. Finalmente, Sentido Común perdió sus ganas de vivir cuando comprobó que la iglesia es un negocio, que los futbolistas sólo juegan por la plata y no la pasión, que los medios de comunicación sólo opinan, no informan, y que creencias irracionales crecen y se afianzan en la sociedad. Cuando se enteró que poner bombas y matar por una ideología de izquierda es una forma de protesta idealista y apasionada, en tanto combatir ese método es represión indiscriminada de inocentes, su corazón no aguantó más. Sentido Común fue precedido en la muerte por su padre y madre, Verdad y Confianza, su esposa, Discreción, y sus hijas, Responsabilidad y Razón. Lo sobreviven tres hermanastros: Derechos, Tolerancia y Queja. No mucha gente asistió a su funeral, ya que pocos se dieron cuenta de su muerte.
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