Microcréditos
Los argentinos siempre nos quejamos. Y algunas razones tenemos, otras inventamos. Pero hay mas gente en el mundo, que está en situaciones que, comparadas con la de cualquiera de los lectores, nos haría ver como Bill Gates.
Aneka es una mujer viuda en Somalia, con cuatro chicos. Su marido ha sido asesinado por una tribu rival. El era también el único medio de subsistencia. Esta mujer, que ahora vive de la caridad de los vecinos, se ayuda recolectando frutos frescos y tratando de venderlos puerta a puerta.
Guatemala. María es otra madre sola. Sus tres hijos son mantenidos por el magro ingreso de la venta de los collares que ella misma fabrica con materiales de la zona. No es posible enviarlos a estudiar, en la villa donde viven deben colaborar juntando los materiales, para que su madre prepare la mercadería.
Hay miles de historias similares. No son ladrones, quieren trabajar. Pero no disponen de los medios para hacerlo. Todos están fuera del sistema. No es posible para ellas solicitar un préstamo en un banco, que se reiría de sus garantías, ni pagar las tasas superiores al 30% que le exigirían. Allí es donde entran los MICROCREDITOS, manejados por organismos locales sin fines de lucro. El sistema es sencillo: cuando alguien pide un préstamo, un grupo de trabajadores sociales revisan la viabilidad del emprendimiento, y cuando es aprobado, se pasa a la segunda etapa, la de recaudar fondos.
Aneka precisa 150 dólares para alquilar un precario lugar en su barrio, y poder escalar su venta de frutas. Es un número que suena absolutamente ridículo, pero para ella, es la diferencia entre su vida actual y ser una emprendedora, poder alimentar a sus hijos sin culpa.
María necesita también algo de dinero. Ella -y la gente que la visitó- estima que 300 dólares serán suficientes para que su idea prospere.
Los fondos de estos préstamos no son provistos por el Banco Mundial, ni por el FMI. Ni siquiera por pequeños bancos de ciudades chicas. Estos fondos son provistos por gente común, un poco más favorecida por el destino. Gente como usted o como yo.
Hay sitios de internet de probada confianza, como el caso de Kiva, o Up Micro Loans. La mayoría de ellos están en ingles. NO es necesario que una persona ayude con el monto total, cualquiera puede poner tan poco como 25 dólares.
Cada préstamo, de acuerdo a la zona del mundo, esta controlado por una ONG. Ellos se encargan de ver que el dinero se utilice completamente en el emprendimiento, que todo marche según lo previsto, y que el tomador del crédito pague las cuotas de devolución tal como fue comprometido. Porque claro, a usted se le devuelve el dinero que prestó.
Este sistema funciona hace años. Yo lo descubrí gracias a un programa de Infinito Satelital (pensé que era Discovery Channel, pero ese es material para otro post), y me puse a investigar un poco al respecto. Hay otros sistemas que trabajan como un banco: usted ahorra 15 dólares en un año, y tiene derecho a recibir 30 en préstamo. El sacrificio se recompensa.
La persona que presta puede seguir el movimiento del negocio por internet, hasta que recupere el dinero. Y si lo desea, puede volver a prestarlo a otro emprendedor, tal vez en otra parte del mundo. Según los datos obtenidos luego de varios años de funcionamiento, no solo cambia y mejora quien recibe el préstamo, sino que comunidades completas mejoran. Muchas veces los productos que venden se obtenían a precios mas altos en pueblos vecinos. Además, genera un efecto en cadena. Cuando alguien ve a su vecino prosperar (prosperar dentro de los parámetros de los que estamos hablando, claro) tiene la inquietud de conseguir un crédito para su propio negocio.
De alguna forma, tengo la esperanza de que María y sus hijos puedan estar un poco mejor, con mi humilde aporte de usd 25 que ni siquiera recordaba que estaban en mi cuenta de paypal desde hace meses. No es tanto por María. Me gusta sentirme como Bill Gates.


abril 14, 2009 
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